Las decisiones en torno de la vida y la muerte siempre han sido un blanco de interés para la humanidad.  ¿Qué pasaría si nos vemos ante la situación en la que debemos  decidir sobre nuestra propia existencia?  Hay circunstancias en las cuales no será factible hacerlo en el momento de la ocurrencia.  Nos referimos a suspender un tratamiento infructuoso, donar nuestros propios órganos y solicitar la eutanasia cuando el contexto  lo amerite.  Las decisiones en torno de estos casos siempre las toma la persona involucrada.  Tanto es así que podemos expresar anticipadamente nuestra voluntad cuando estamos en perfecto estado, ya sea para la ablación y posterior cesión de órganos, o para rechazar a futuro terapias desproporcionadas. Intervenimos adelantando nuestra voluntad ante la posibilidad de caer en un coma profundo con daño cerebral severo. 

No pocas personas se sentirían cómodas ante el hecho de encontrarse en la disyuntiva.  La figura del testamento vital da una salida al respecto, pero también se torna en una  trampa. Quienes manifiestan su voluntad de modo anticipado ante la muerte pueden, en un tiempo determinado, cambiar su decisión.  Por eso, es un arma de doble filo.  Una forma de legar se halla en nuestros DNI.  Allí se exterioriza la voluntad de donar órganos, pero dado el caso, en el momento de la incidencia, hay que consultar con la familia si el donante hubiese querido en verdad que esto ocurra.  Solo se prescindirá de ello si se trata de un donante cadavérico, sin familia que apoye tal o cual deseo.  Algunas personas se niegan a donar órganos y expresarlo por temor a que todavía, estando vivos, se disponga de ellos. Esta última figura acontece cuando no se ha producido la muerte cerebral. 

En lo que respecta a tratamientos con respirador artificial, un buen número de seres humanos rechaza la idea de encontrarse en ese trance y simplemente deciden que los desconecten.  Pero, ¿qué pasaría en un paciente con daño cerebral severo, mas no en muerte cerebral, sí se encuentra en un severo EVP (Estado Vegetativo Persistente)?  A la alimentación e hidratación artificiales se les ha denominado “tratamientos de futilidad”, es decir, el mínimo indispensable para mantener con vida a una persona con escasas esperanzas de retorno a la normalidad, suponiendo que despierte del  coma.

            Estas figuras no son frecuentes y un retiro del mínimo vital  calificaría como un acto eutanásico.  Hay incluso pacientes a quienes se les ha retirado el respirador y siguen con vida, ya sea en EVP o en el llamado “Coma Vigil Prolongado”, en el cual subsiste  algún nexo con la realidad. El que decide siempre es el ciudadano, involucrado en conjunto con la familia, dado el caso.  Es importante reflexionar sobre la voluntad anticipada, porque nos daría una luz ante los casos que los médicos enfrentarían.  Esto no es más que decidir acerca de sucesos posteriores.  Es un asunto delicado.  Se ha llegado a cremar  personas que no lo hubiesen deseado.  No obstante, la voluntad anticipada puede variar; por eso, ante la figura de un testamento vital,  es menester que la familia responda a propósito de si el ciudadano cambió o no su voluntad.  Son aspectos ante los cuales no debemos ponernos una venda facilista en los ojos. 

Tratamientos infructuosos o encarnizamientos terapéuticos son las figuras más representativas a las que se opone una voluntad anticipada, pero no siempre es así.  En ocasiones, la familia lucha por una vida infructuosa  bajo amenazas al personal médico si ocurriese el deceso.  Es necesario tener en cuenta la voluntad del paciente y, si esta no existiera materialmente, el pronóstico médico ante el caso sería el parámetro.  Conocer o no conocer qué hubiese preferido el paciente no es tarea fácil si no hay una intención expresada.  ¿Qué hacer entonces?  ¿En especial, cuando los casos exceden lo conocido? 

El caso de Tony Bland en Inglaterra, quien quedó en EVP sin ayuda mecánica, es un claro ejemplo de ello.  ¿Habría deseado Tony que se le retiren los mínimos auxilios vitales?  Quizás sí o no, ante la esperanza o, mejor dicho, muy escasa esperanza de volver a la realidad.  ¿Qué hacer ante estos casos de perplejidad?  Esto, siempre y cuando sobrevenga daño cerebral severo incompatible con la vida de relación, pero no muerte cerebral.  Si el cese del tallo encefálico no se ha producido, no hay muerte cerebral; aun así, nada impide  sucesos en los cuales no se produce muerte cerebral y sí daño severo en el cerebro.

El caso de Ana Estrada en el Perú es una muestra de voluntad anticipada que conduce a la figura del suicidio asistido.  No nos engañemos con esto: es  una voluntad que dependerá de la Corte Suprema.  La señorita Estrada no se halla en estado terminal ni en ningún tipo de coma con voluntad anticipada.  Sus facultades mentales son plenas y reclama la muerte a futuro.  Estos problemas han perseguido siempre a la humanidad.  No dejemos de meditar sobre ellos y sobre la decisión previa.  Esta nos ayuda a saber qué habría querido en realidad el paciente.

Miryam Patricia Falla Guirao
Licenciada en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Exbecaria de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la República Argentina en el área de Ética y Bioética. Docente Universitaria en pre y post-grado. Conferencista en universidades, colegios profesionales e instituciones jurídicas y de salud.

1 comment on “¿Quién decide?

  1. Luis Deza Bringas

    Opinión solo en lo concerniente a la muerte cerebral: 1.- Opino que los requisitos declarar a una persona en muerte cerebral deben ser discutidos internacionalmente y aprobados a por un comité de expertos convocados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) Tal dictamen debe ser revisado cuando menos cada 3 años. 2.- En el Perú debiera incluirse el tema en el Código Civil vigente, en cuyo texto actual se señala de modo escueto: La muerte pone fin a la persona. Habría que agregar : La muerte cerebral, diagnosticada de acuerdo a los vigentes criterios, recomendados por la OMS, es admitida como la muerte de la persona, para todos sus efectos. 3.- En nuestro paìs los criterios para aceptar el diagnóstico de muerte encefálica están incluidos en la Ley General de donación y trasplante de órganos y/o tejidos humanos expedida el de marzo del 2004 y su reglamento del 2005.

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