La escasez de alimentos, de medicinas y el alto precio de los combustibles llegaron al límite. La situación se ha tornado insostenible. La gente se ha volcado a las calles. Han vencido las barreras y han llegado hasta el propio palacio de gobierno. El presidente ha emprendido una fuga por la parte trasera y ha anunciado su renuncia. La hará efectiva este 13 de julio.

No, no es un sueño, ni alucinación, ni aspiración utópica. Estamos escribiendo sobre Sri Lanka, país insular asiático, antiguamente llamado Ceilán, hasta hace poco relativamente próspero, que, debido a una nefasta gestión del Presidente Rajapaksa ha caído en desgracia y se ha sumergido en una crisis económica y política sin precedentes. Semanas antes tuvo que dimitir el Primer Ministro que paradójicamente era el mismo hermano del presidente. Literalmente la calle lo derrocó.

Cualquier parecido con la realidad… no es pura casualidad.

La similitud de circunstancias llevan a pensar que el fenómeno que está sucediendo en el país, no solo es regional, sino global. Parece ser que el ser humano no quiere corregir para vivir en prosperidad, sino busca destruir para todos vivir en desdicha.

El Perú empezó un crecimiento sostenido de casi tres décadas. En el mundo entero se hablaba del milagro peruano. De cómo un país excluido de la comunidad económica internacional, que había estado quebrado con una de las mayores hiperinflaciones conocidas en Sudamérica, con una violencia criminal a manos de terroristas que mataban a mansalva a quien se le cruzara en el camino.

Esto se dio gracias a un modelo económico de libre mercado, que claramente no es perfecto. Que así como se disminuyó drásticamente la pobreza extrema y hubo muchas oportunidades, aún quedaban muchos vacíos, para que estos bondades lleguen a todos. Casi el 20% del país no percibe que hayan sido beneficiados de manera alguna. Lugares donde no hay agua, luz, educación, salud. Esto es infame, pero justamente ese es el reto, cómo lograr resolver estas necesidades como consecuencia del crecimiento.

Y de pronto llega un gobierno del ‘pueblo’. Entró por la puerta falsa, con claros indicios de algún tipo de manipulación en los resultados de las elecciones, las que nunca fueron probadas con contundencia.

Muy pronto nos dimos cuenta que no tenían nada. No había plan de gobierno, no había partido que lo respalde, no tenían gente preparada, no sabían como convocar a nadie.

Se va a cumplir un año de esta catástrofe. Y hoy podemos afirmar con categoría que era una banda de delincuentes. Ministros ineptos y prontuariados. Vicepresidenta cometiendo infracciones constitucionales. Primeros ministros azuzando para que se tomen a las empresas mineras y otros seniles y desvariados dándole contratos a sus familiares y hablando estupideces cada vez que abre la boca. Secretarios de palacio involucrados en actos ilegales y escondiendo dinero sucio en su baño.

Nombramientos indebidos en todos y cada uno de los estamentos estatales. Ocupando cuanta posición puedan. Lo tienen que hacer rápido, porque saben que la posibilidad que no duren mucho es alta.

Nunca hemos tenido tantos ministros en tan poco tiempo. Nunca la corrupción ha sido tan evidente y descarada. La propia familia presidencial está completamente involucrada. Los sobrinos, la cuñada, los amigos chotanos. Utilizan hasta los celulares de los hijos. No tienen escrúpulos.

Pero por si fuera poco estos pillos de poca monta venían robándole al Estado cobrando como si fueran ‘magísteres’, cuando ni siquiera eran universitarios. Comprando sus tesis el año pasado, para regularizar su irregular situación de 10 años atrás.

Ya no puede ir a la casa de Sarratea a hurtadillas, como ladronzuelo, sino que visita a ministras en sus depas. Se quitó el sombrero a ver si ya no se le reconocía, pero subestimó al país que ya lo identifica como el fraude más grande.

Perú Libre y sus secuaces eran una pandilla de malhechores, pro terroristas y enemigos del pueblo. Por eso hago la pregunta: ¿Hasta cuándo?

¿El congreso no puede tomar las riendas de una vez y librarnos de estos bandidos?

¿Acaso la única opción para que se vayan éstos, es que se vayan todos?

O quizá lo sucedido en Sri Lanka puede motivarnos a hacer, no muchas marchas, sino una sola. Como la del 5 de abril, cuando violando todos nuestros derechos constitucionales pretendieron dejarnos en casa por cobardes. Una sola marcha de todos que lleguemos hasta Palacio de Gobierno para que se vea obligado a fugar, como lo hizo ese día del Congreso y al día siguiente de Huancayo. Total ya tiene hasta helipuerto clandestino. Está listo para escaparse.

Necesitamos salvar a nuestra país de estos facinerosos, y comenzar a restituir el orden. Retomar el crecimiento y cerrar las brechas y desigualdades que son muy injustas e inhumanas.

Es hora de unirnos todos contra éstos de una vez por todas. No podemos esperar más.

Guillermo Ackermann MenachoDesde hace más de cuatro décadas me desempeño como gestor en el campo de las comunicaciones, marketing y responsabilidad social, tanto en empresas del mundo corporativo, instituciones con fines sociales, medios de comunicación, radios, televisión, digitales, así como en la producción de contenidos audiovisuales, publicidad, documentales, videos institucionales y diversos programas. He sido productor ejecutivo de material producido en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como promotor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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