Columnas Mauricio Rozas Opinión

Segunda reforma agraria

Si bien, el reciente proyecto de ‘Segunda Reforma Agraria’ presentado por el Gobierno, en lo teórico y formal, NO incluiría expropiaciones ni confiscaciones, sino que promovería mayor inclusión social de los pequeños productores e implementaría políticas de seguridad alimentaria, en el discurso político que difunden diferentes líderes del partido de gobierno en provincias, la cosa es muy diferente.

La sucia y muy vieja estrategia del doble discurso que practican todas las izquierdas del mundo, esta vez, para variar, se viene aplicando con éxito. La noción sobre ‘Reforma Agraria’ que tienen miles de jóvenes estudiantes, trabajadores del campo, maestros de escuelas públicas, dirigentes sindicales y pobladores en general, es totalmente diferente a lo propuesto en la letra. Pues para ellos, no puede haber reforma agraria que NO incluya expropiación de tierras y su repartición entre pobladores y trabajadores. Es más, no sólo en el rubro agrario; vienen siendo sistemáticamente aleccionados y están convencidos de que también se debe hacer expropiaciones en la gran minería y en la mediana, en industria, en construcción y en TODO.

Vengo siguiendo a diario y sistemáticamente por redes sociales a los diferentes foros que maneja la izquierda radical en el Perú. Y el discurso que repiten sus dirigentes es exactamente el mismo de siempre, de manual, con puntos, comas y pronunciado de paporreta. Y a su vez, es el mismo discurso que pronunciaban en su momento los líderes de Sendero Luminoso en los 80s. Nada ha cambiado desde entonces en sus planes y objetivos, son exactamente los mismos que fueron planteados desde inicios de la barbarie terrorista; pero con la diferencia que ahora tienen el viento a su favor: pues controlan al Gobierno Central, a las Fuerzas Armadas, manejan la caja fiscal y tienen socios en el Congreso.

Veo con preocupación, la irresponsabilidad y pasividad con la que vienen tomando este problema los líderes políticos de oposición y las fuerzas democráticas. No están dando la importancia debida a algo tan grave. Mientras ellos se despellejan en confrontaciones mezquinas en sus fueros citadinos, los radicales avanzan ‘sin prisa, pero sin pausa’ en su labor proselitista al interior del país, sin que nadie los desmienta y advierta a la ciudanía sobre la peligrosidad de aquel discurso.

Concretamente, sobre la Reforma Agraria, aún se repite como mantra un anacrónico discurso velasquista con frases potentes como ‘El patrón no comerá más de tu pobreza’ o ‘La tierra es de quien la trabaja’. Aún hablan del latifundio colonial y otras falsedades que ya no existen desde hace casi medio siglo y que nada tienen que ver con la próspera industria agroexportadora de hoy en día.

Con la Reforma Agraria de Velasco, atrás quedaron los viejos latifundios de miles y miles de hectáreas que incluían pueblos enteros y abarcaban costa, sierra y selva. Atrás quedó también la caricatura del terrateniente obeso, abusivo y esclavista que explotaba y azotaba sus trabajadores montados en su caballo. Eso no existe más y hoy la realidad es totalmente diferente.

La industria agroexportadora de hoy, además de ser una de las principales fuentes de empleo formal en el Perú y su segunda fuente de divisas, fue creada y desarrollada a pulso por tenaces empresarios, quienes, desde hace algunas décadas, fueron ganando metro a metro extensos arenales desérticos en los que no crecía ni la hierba mala, arriesgando su capital en tecnologías para que, gota a gota, día a día y año tras año, el agua irrigara y convirtiera en suelo fértil cada centímetro cuadrado de desierto.

Y no sería justo, en ninguna circunstancia, pretender meter la mano en esta industria (ni en ninguna otra). NO lo vamos a permitir. Eso NO puede suceder. Vayan abandonando esa peregrina y demencial idea.

Mauricio Rozas Valz.
Estudió Administración de empresas en la Universidad Católica Santa María de Arequipa. Escritor con dos títulos publicados de relatos y de poesía. Activista internacional contra el maltrato animal y miembro del colectivo «Arequipeños por Arequipa

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