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Teresa, veinticinco años

‘El que no vive para servir, no sirve para vivir’.

Es una de las frases más fuertes que Teresa de Calcuta pronunció en repetidas oportunidades a lo largo de sus 87 años de vida. Y es que así era ella, tenía mensajes que no cesaba de volverlos a decir, cuantas veces fuese necesario.

Hoy conmemoramos 25 años de su partida. Aquel 5 de setiembre de 1997 se apagaba la vida de uno de los personajes más importantes del Siglo XX.

Nació en Albania en 1910 y fue bautizada con el nombre de Agnes Gonxha Bojaxhiu. Desde  pequeña sintió el llamado a una vida religiosa. A los 18 años se fue a Calcuta y descubrió que quería dedicar su vida al servicio de los demás. Cambió su nombre  inspirada en Santa Teresa de Lisieux, patrona de los misioneros.

Durante 20 años trabajó en un colegio de Loreto llegando a ser la Directora. En 1948 solicitó al Vaticano permiso para fundar una Congregación que le permitiría servir a los pobres, entre los pobres, a la cual llamó ‘Misioneras de la Caridad’ al recibir la autorización en 1940 y desde ese momento comenzó a usar el tradicional Sari blanco con bordes azules. Había aprendido principios básicos de medicina y enfermería.

Su misión, desde entonces, según ella misma lo describiría, era «cuidar a los hambrientos, los desnudos, los que no tienen hogar, los lisiados, los ciegos, los leprosos, toda esa gente que se siente inútil, no amada, o desprotegida por la sociedad, gente que se ha convertido en una carga para la sociedad y que son rechazados por todos».

La naciente congregación comenzó con 13 integrantes y en 1952 abrió su primer hogar para moribundos. Según ella, «para personas que vivieron como animales, una muerte hermosa es morir como ángeles, amados y queridos».

En 1970 su labor ya era reconocida en muchos países en los que iba abriendo albergues y las misioneras comenzaron a ser miles a lo largo del mundo. En 1979 se le otorga el Premio Nobel de la Paz por su trabajo humanitario.

Viajaba por el mundo llevando un mensaje de amor y respeto por la dignidad humana, por la vida, desde su concepción, hasta la muerte con dignidad.

Vino al Perú hasta en cuatro oportunidades. La última de las cuales fue en 1989, en el marco del ‘IV Congreso sobre la Reconciliación’ llevado a cabo en el Callao. En aquella oportunidad hizo un llamado para que cese la violencia terrorista que azotaba nuestro país.

Hablaba de la importancia de amar, incluso hasta que duela y de la necesidad del contacto físico con los más desposeídos. Eso los ayudaba a redescubrirse como personas y los preparaba para su inminente partida.

Exhortaba también a las mujeres que tenían un embarazo no deseado a que no abortaran y que ellas podían recibir a sus hijos para darles una buena vida. Consideraba que quitarle vida al no nacido era, hoy en día, el peor crimen de la humanidad, tal como lo dijo incluso en el seno de las Naciones Unidas en un memorable discurso. Recibió también la más alta distinción en la India.

Desarrolló una amistad con el Papa Juan Pablo II, convirtiéndose en los líderes espirituales más importantes de occidente en las últimas décadas del milenio que finalizaba.

La intensidad de su vida hizo que su salud fuera muy frágil, debiéndosele colocar incluso un marcapasos para que su corazón funcionara bien y le permitiera seguir con sus tareas hasta el final.

El 5 de setiembre de 1997 dejaba este mundo pero se quedó a través de las miles de misioneras y misioneros a lo largo del mundo que atienden hasta hoy a los más necesitados, a los indigentes abandonados.

Habiendo transcurrido dos días de su partida San Juan Pablo II dijo: ‘Misionera de la Caridad, dando un ejemplo tan arrollador, que atrajo a muchas personas, dispuestas a dejar todo por servir a Cristo, presente en los jóvenes.

Ella sabía por experiencia que la vida adquiere todo su valor cuando encuentra el amor y siguiendo el Evangelio fue el buen samaritano de las personas que encontró, de toda existencia en crisis y despreciada´.

Así vivió la ‘Madre de los Pobres’, que empezaba su día frente al Santísimo y entendía que toda su labor debía estar en clave de Jesús y María.

El 19 de octubre de 2003, unas 300 000 personas fueron testigos en la plaza San Pedro, de la proclamación como beata por el Papa Juan Pablo II. El 2015 el Papa Francisco aprobó la canonización de la Madre Teresa y se declaró el 5 de septiembre como la festividad de Santa Teresa de Calcuta.

Que el ejemplo de este ángel de la paz nos muestre el camino para vivir una auténtica solidaridad y reconciliación entre peruanos.

Santa Madre Teresa de Calcuta, ruega por nosotros.

Guillermo Ackermann MenachoDesde hace más de cuatro décadas me desempeño como gestor en el campo de las comunicaciones, marketing y responsabilidad social, tanto en empresas del mundo corporativo, instituciones con fines sociales, medios de comunicación, radios, televisión, digitales, así como en la producción de contenidos audiovisuales, publicidad, documentales, videos institucionales y diversos programas. He sido productor ejecutivo de material producido en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como promotor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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