Columnas Luis Sujatovich

El acceso a la información está sobrevalorado

El acceso a la información está sobrevalorado, porque conocer no significa actuar. La red ha puesto en evidencia que ese supuesto es falso. No menguamos en el ejercicio de nuestros derechos porque no estamos en condiciones de decidir con fundamentos, nos demoramos por otros motivos, mucho más complejos de dilucidar. ¿O es que no sabemos que el planeta está en crisis ambiental? Y, sin embargo, la explotación de los recursos naturales no ha cambiado sustancialmente. Tampoco las noticias de coimas han suscitado más que algunos reclamos airados. Y el cuidado de la salud padece el mismo problema: la crueldad de las imágenes en los atados de cigarrillos no ha tenido el resultado esperado. Por lo tanto, no es posible aseverar que esta costumbre prospera porque no se conocen sus consecuencias. Los mensajes tienen un límite, la recepción no es más que un acto de comprensión. Sin voluntad, sin anhelos de materializar una palabra, de concretar en una acción soberana un sentido conquistado, ninguna comunicación es capaz de adquirir un rango superior al mero accesorio semántico.

El periodista estadounidense Lee Siegel, en su libro “El mundo a través de una pantalla” propone una interpretación de esta particular relación entre la sociedad y la información:

“En cuanto a las noticias más sustanciales, van saliendo a la luz casos de corrupción política o de injusticia social que son retransmitidos durante todo el día, pero, si usted carece de una orientación ética e histórica para buscarle la lógica, no tendrán un efecto positivo en su vida o en la de cualquier otro. Muchos alemanes tenían información sobre el trabajo forzado y los campos de concentración, pero, debido a que la sociedad había perdido por completo su rumbo ético s histórico, estas revelaciones terribles no provocaron firmes protestas”.  Por supuesto que no está en discusión la importancia que posee para el sistema democrático la libre circulación de las noticias y acciones de gobierno, pero es fácil de advertir que la difusión no es suficiente. No alcanza para producir aquellas manifestaciones que el hecho reclama como urgentes o al menos, necesarias.

Podríamos postular que este fenómeno se produce como consecuencia de la cantidad de plataformas, dispositivos y medios digitales que multiplican sus ofertas de contenidos a cada minuto. Quizás tenga incidencia, pero no es suficiente. Ya que no explica los motivos que dieron origen a esta prescindencia, sino más bien sitúa en la contemporaneidad una tendencia aún más potente. Tal vez no nos importe tanto el prójimo y entonces nuestro interés se agote con una simple queja. Por eso no nos impele a reclamar de forma sostenida y activa ninguna de las vilezas que apreciamos a diario. Nadie quiere ser más que experto de sí mismo, por eso el capitalismo nos satisface (aunque sólo lo admitimos en secreto). La tríada dinero, mercancías e individualidad nos complace más que cualquier proyecto colectivo. El problema no radica en la publicación de las noticias, sino en que no alteran las costumbres de la sociedad que las propicia.

Luis Sujatovich.
Profesor, Doctor en Comunicación Social. Se desempeña como docente investigador de la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina). Fue becario posdoctoral en CONICET y realizó una estancia de investigación posdoctoral en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Castilla – La Mancha (España). Es autor del libro Prensa y Liberalismo publicado en 2019.

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