Columnas Guillermo Ackermann

Una mirada al 2035

Lima es una fotografía del Perú. Fragmentada, multicolor, caótica, tradicional y vanguardista.

En 1535, cuando fue su fundación, tenía alrededor de 25,000 habitantes entre indios, negros, mulatos, españoles y mestizos. Casi 300 años después, en 1821, al momento de proclamarse la Independencia del Perú, contaba con aproximadamente 60,000.

Poco más de 100 años después, en 1940, bordeaba los 600,000, es decir 10 veces más de pobladores. Y en los últimos 50 años, desde los sesentas, ha llegado crecer exponencialmente como una mega metrópoli llegando a los 10 millones de ciudadanos.

Una de las razones por las que se da este desbarajuste es por la falta de planificación. La migración hizo que la ciudad crezca de manera desordenada y sin previsión alguna, sin una visión integrada, ni un proyecto país.

Por eso, cuando en diciembre de 2019 el Alcalde de Lima, Jorge Muñoz, en su primer año de gestión, anunció la aprobación del Plan Maestro de Recuperación del Centro Histórico de Lima, con una mirada al 2028 – 2035, era una de las mejores noticias. Por fin se contaba con un instrumento para que la Ciudad vaya avanzando con un norte y en este caso para la Recuperación de nuestro Centro Histórico, el más hermoso de la región, que estaba abandonado por casi 60 años.

Los diligentes trabajos que Prolima viene ejecutando en este sentido, están enmarcados en ese Plan, algo insólito en la capital y digno de aplausos.

Hace unas pocas semanas la Municipalidad Metropolitana anunciaba la aprobación del Plan Metropolitano de Desarrollo Urbano 2021 – 2040, postergado por décadas y que marcaba un nuevo hito en la visión de la Ciudad hacia los 500 años de su Fundación.

Esto le permitirá comenzar con el ordenamiento e integración con los mismos criterios y normativas para el crecimiento urbano.

Ya tan solo con la aprobación de esos dos planes se podría afirmar que  Jorge Muñoz deberá ser reconocido como el Alcalde de la Planificación. El que tuvo una visión – ciudad. Y esto en medio de una pandemia inédita en el mundo y una de las peores crisis políticas de nuestra historia republicana (4 presidentes en 3 años). Ojalá la historia así lo registre.

Después de su absurda y politizada salida, y en medio del fragor de esta nueva campaña desenfrenada, los limeños, hemos castigado la ideologización y esto se ve reflejado en la polarización del voto, como un reclamo a la ausencia de propuestas claras, con mucha intolerancia y hartazgo.

Esta es una realidad ineludible para el que asuma el reto de ser el burgomaestre post pandemia: Mirar la Ciudad no con la foto del momento, sino pensando en el mañana, sin desatender lo cotidiano.

Todos hablan de seguridad, algo que no depende del todo del Alcalde, sino de un conjunto de actores. Hablan del hambre, cosa que tampoco es esencialmente su función, aunque hay mucha labor social a su cargo. Hablan también de salud, en la que los municipios son actores, pero no tienen un rol protagónico.

Este proceso ha sido también, por la propia coyuntura, muy politizada. Los enfrentamientos han estado por el lado ideológico, sin entender que el Alcalde, tiene un rol de gestor y de ser el ciudadano número 1.

Ahora que las urnas han hablado y que todo pareciera indicar que un empresario está recibiendo el encargo de dirigir la Ciudad, ojalá nos olvidemos de las posturas y colores políticos y todos sumemos para construir la Lima que soñamos para el siglo XXI.

Guillermo Ackermann MenachoDesde hace más de cuatro décadas me desempeño como gestor en el campo de las comunicaciones, marketing y responsabilidad social, tanto en empresas del mundo corporativo, instituciones con fines sociales, medios de comunicación, radios, televisión, digitales, así como en la producción de contenidos audiovisuales, publicidad, documentales, videos institucionales y diversos programas. He sido productor ejecutivo de material producido en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como promotor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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