Columnas Víctor Velásquez

El ejército del Perú, 201 años: Crisol de nacionalidad

El Ejército del Perú, en sus 201 años de vida republicana, desde la perspectiva relacional del poder, se puede establecer que, a partir de la etapa de la Independencia del Estado, cobra importancia su rol, en el mantenimiento de la unidad territorial y el ejercicio de la soberanía nacional.

Para todos los peruanos, la matriz republicana inserta en su historia general, acerca del rol cumplido por el Ejercito del Perú, nos habla de la paz como de la guerra, nos habla de la existencia de desarrollo como de subdesarrollo, de victoria y de derrota, de caudillos y de planes de gubernamentales, de apoyo al conservadurismo como al liberalismo, pero también nos habla, de un país en un escanario de bien común y desarrollo integral, lo cual es, una promesa aún por cumplir.

En este derrotero, su misión constitucional y sus hechos institucionales, son parte consustancial de nuestro proceso histórico (Burga; 2002), pues para ellos, la Patria había sido creada con la punta de la espada en Ayacucho, en Junín, en Matará. Deber y privilegio suyo era conducirla, defenderla, dirigirla, salvarla. Su actitud era análoga a la de los conquistadores ante territorios donde se establecieron (Basadre; 1981), y que tanto la guerra como el Ejercito son fundamentales para comprender parte importante de la historia política (Velásquez S.; 2018).

En este espacio de reflexión, diremos también que, en el quehacer republicano, el Ejercito del Perú, ha aportado considerablemente a los tres elementos componentes del Estado: territorio, soberanía y población.

En cuanto al territorio, consolidó la Independencia, estampó la presencia del Estado y definió los límites territoriales, y mantuvo conectividad a través de sus avanzadas de colonización y unidades de tropas a todo lo largo y ancho del país. Tuvo que ver con la defensa del orden interno, así como con las fronteras externas, medios de comunicación, censos y padrones, del que emana el sentimiento patriótico en la población, unidos por la lengua, la religión y la historia que nos diferencian del resto de naciones. Esto lo llevo a cabo, con algo elemental en geopolítica, cual es, que el Estado por intermedio de sus fuerzas armadas, ocupe los espacios vitales, zonas abandonadas, fronterizas, en las cuales no existe nada legal.

En lo relativo a la soberanía, fue y es garante de soberanía, puesta a prueba en históricas gestas, con su presencia en la Antártida y, Misiones de Paz realizadas.  De las gestas cumplidas, se podría decir que, las raíces de las victorias y derrotas es necesario buscarlas lejos de los campos de batalla, en los factores político, sociales y económicos (Howard, 2011). Debemos saber, que, contemporáneamente, nuevas amenazas se ciernen en la lucha por mantener nuestra soberanía. Ellos son: el crimen organizado, la delincuencia común, el tráfico ilícito de armas, la trata de personas, la minería ilegal, los desastres naturales, el terrorismo y el narcotráfico. Para un eficiente y eficaz desempeño en las amenazas delineadas, el Ejercito y en general las Fuerzas Armadas, necesitan de un buen presupuesto, no politización de sus integrantes, el completamiento de su efectivos del servicio activo con reservas de complemento estables, bolsa de trabajo para sus licenciados y reservistas, en prioridad los que lucharon para detener la invasión extranjera y contra las hordas del PCP-SL, una nueva organización militar que no vise territorio sino misiones operativas, un adelanto tecnológico acompañado de ética y valores, bienestar en salud, educación de calidad y estabilidad económica, para todos sus integrantes.

En lo relacionado a la población, se lleva a cabo, a través del servicio militar, ayuda a desastres naturales, epidemias, ayuda a la salud pública, medio ambiente, industria nacional y comunidad científica, y defensa de la soberanía nacional, los mismos que se ven afectados, por los continuos recortes presupuestales en los pliegos de defensa, repercutiendo directamente en la operatividad de las fuerzas armadas, y, por ende, de la seguridad del país.

Teniendo en cuenta, la labor cumplida en estos tres elementos componentes del Estado, el Ejército, se puede definir como crisol de nacionalidad. Si, porque en la formación de la nación peruana y el desarrollo de su cultura e identidad nacional, los civiles y soldados de la república se confunden a lo largo de la historia, proceso en el cual la dimensión militar de su defensa y la civil del desarrollo, resultan contantes e inseparables en la construcción de la institucionalidad republicana. A pie, a caballo y a rueda de cañón, pero también con la fragua, el machete y el arado, y tras dos siglos de existencia, sigue siendo la expresión de la identidad nacional de una sociedad que visiona, como nuestros precursores, ideólogos y libertadores un Perú: “Firme y Feliz por la Unión”.

Mirando al futuro, más que un largo proceso de transformación, lo que necesitan las Fuerzas Armadas, y en particular el Ejército, es una evolución natural en base a las amenazas y riesgos que se presentan contra la seguridad nacional. En ese sentido, no se puede obviar la necesaria formación de fuerzas conjuntas, en el VRAEM, lugar de la acción de grupos armados residuales aliados con el narcotráfico, y el Alto Putumayo, en donde existe el crimen organizado transnacional en la triple frontera entere Brasil, Colombia y Perú, y el reordenamiento de las misiones de las Grandes Unidades, en la seguridad externa.

No olvidemos que, las Fuerza Armadas son vistas como depositarias de unos valores permanentes, dotados de una gran capacidad para salvar los obstáculos que puedan aparecer en cada coyuntura histórica (Baques; 2001), y así deben seguir siéndolo. Esta valoración, debe hacer reflexionar a la clase política elegida y ciudadanía, a sus votantes, a resolver sus problemas, sin tocar las puertas de los cuarteles o pensar que la falta de un golpe militar, conduciría a que las fuerzas armadas, sean del presidente de turno. Por ello, parafraseando una célebre frase, que la guerra es un asunto demasiado serio para dejarla en manos de los militares (Clemenceau; 2019), diremos que, es innoble y destructivo, si la paz, la dejamos en manos del neo senderismo.  Es por ello que, a su misión constitucional de garantizar la independencia, soberanía e integridad territorial, participar en el orden interno, desarrollo sostenible, sistema de gestión de riegos y desastres, y política exterior, debería de sumarse, la de preservar la paz.

Los integrantes del Ejercito del Perú, en el 198o Aniversario de la batalla de Ayacucho y Día Institucional, deberían establecer que, lo que interesa saber a los soldados del presente y del futuro, es si los hechos producidos, son buenos, si honran a la Patria o sin son deplorables. Se necesita luz no oscuridad. Los culpables prefieren el olvido y el silencio. Los héroes hablan la verdad. (Vallejo C.; 1956).

Victor Velasquez Perez Salmon.  Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001.  Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.   

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