Columnas Martín Belaunde

Perú amenazado

Al momento de escribir estas líneas muchas cosas han sucedido en nuestra patria desde el 7 de diciembre hasta  hoy. Sin embargo algunas se venían incubando desde antes bajo la débil y siniestra administración de Pedro Castillo Terrones, quien con sus aliados de Perú Libre, mal dirigió un gobierno en el cual se combinó perfectamente una mezcla de corrupción y de programa comunista para desintegrar al país. Esto lo acabamos de ver con un mensaje de algunas pocas personas que hablaron de una fantasmal república del sur, la cual tuvo  débil eco en un tweet de Vladimir Cerrón que propuso algún proyecto federal que jamás ha existido entre nosotros.

¿Por qué tanto desarreglo? Por desgracia es un subproducto del fallido golpe de Estado que perpetró Pedro Castillo correctamente vacado por incapacidad moral permanente. La respuesta del Congreso fue adecuada y en plena conformidad con nuestras normas constitucionales. Sin embargo tuvimos la indeseada visita de los 4 Jinetes del Apocalipsis que representan la guerra, el hambre, la peste y la muerte,  personificados de norte a sur por los presidentes Andrés Manuel López Obrador de México, Gustavo Petro de Colombia, Arce Catacora de Bolivia y Alberto Fernández de Argentina. ¿Qué pretenden dichos mandatarios al entrometerse en la política interna del Perú? Pues algo muy simple, que su pupilo Pedro Castillo Terrones  recupere el poder con el objeto de que nuestra patria pase a ser una dependencia colonial de sus ambiciones trasnacionales.

¿Vamos a permitirlo? De ninguna manera. La reacción de nuestra cancillería fue adecuada al otorgar el salvoconducto a la señora Lilia Paredes y asimismo cuando declaró persona no grata al Segundo Secretario Pablo Monroy, que López Obrador nos acreditó como embajador para dejar evidencia del poco respeto que le merece la nación peruana. Ello no obstante, también hemos tenido la indeseable intromisión del expresidente boliviano Evo Morales, cada día más afanoso en pasar de contrabando su engendro Runasur, con el objetivo específico de dividir al Perú para acrecentar su poder altiplánico. Que Evo Morales sea el presidente de facto del Estado Plurinacional de Bolivia, actual denominación de su atribulado país, es algo muy lamentable que en última instancia solo puede ser resuelto por sus compatriotas. El Perú practica la política de no intervención en los asuntos internos de nuestros vecinos pero al mismo tiempo exige lo mismo de ellos. Que Evo Morales lo ignore es algo que merece nuestro más enérgico rechazo, con el explícito mensaje de no permitir ninguna visita suya a cualquier lugar de nuestro territorio, porque él también con su indeseable conducta se ha convertido en una persona no grata al Perú.

Y si hubiere algún ciudadano peruano que aún no se ha dado cuenta de esa realidad, habrá que recordarle el artículo 325 del Código Penal que tipifica el delito de traición a la patria en virtud del cual: “El que practica un acto dirigido a someter a la República, en todo o en parte, a la dominación extranjera o a hacer independiente una parte de la misma, será reprimido con pena privativa de la libertad no menor de quince años.” No existe mejor aviso contra la intención delictiva que recordar sus consecuencias si persiste en ella.

Martín Belaunde Moreyra
Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos.  Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.

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